
Pero era necesario conservar la palabra, que surgiera el alfabeto y que se pudiesen almacenar las creaciones humanas. Y no sólo las ficciones: también los libros de contabilidad y derecho, que son los que aceleran la creación de herramientas que permitan anotar, fijar y clasificar la realidad. Muestra Vallejo la evolución de las tablillas, el papiro, el pergamino… Es el papiro el material más revolucionario, aunque en Europa tuviese problemas de conservación. En Egipto, su lugar de origen, se generaliza su uso, que viene además corroborado por el papel que desempeñaron el Museo y la Biblioteca de Alejandría, punto de encuentro de todos los saberes conocidos y lugar de consulta de los libros escritos hasta la fecha. La autora recrea muy bien este papel y su posterior influencia en el mundo antiguo.
Su libro es más literario que académico. No se trata de una historia de la cultura a través del uso de los libros y las bibliotecas. Con mucha amenidad, Vallejo desentraña historias, descubre personajes, enlaza protagonistas con sucesos secundarios. Y todo encaminado a valorar el papel del libro en la historia de la humanidad. Pero el pasado, que aparece muy bien retratado, conecta casi siempre con el presente, dando continuidad así a unos valores que la autora subraya de manera muy amena en un libro lleno de sabiduría y de historias entretenidas que tienen como protagonistas a bibliotecarios , políticos y escritores griegos y romanos.